Un equipo de profesionales nos demuestran su amor por el handball.
Campeones. Augusto Mercado, una de las figuras del equipo, disparando para convertir frente a C.A.I.H.
Mientras que los deportes más populares de la provincia se llevan las miradas, el "juego de manos" se encuentra en un crecimiento lento, ese crecimiento siempre liderado por un equipo. Ese equipo no solamente es un grupo de jugadores que juegan de una determinada manera, ya sea buena o mala.
El handball se encuentra en la sombra de lo que alguna vez supo ser, pero un grupo de profesionales nos demuestran como ellos lo ven y como se juega.
El torneo anual tucumano en la rama masculina y femenina, se disputa semanalmente todos los sábados en el Complejo Avellaneda, ubicado en la esquina entre calles Suipacha y 24 de Septiembre. A pesar del deficiente lugar y poca luz, es para "lo que alcanza" en este handball de la provincia. Ladricer es el ejemplo.
Recientes campeones del torneo anual tucumano venciendo a C.A.I.H. por 27 a 21. Es un equipo liderado por su entrenador Daniel López, que convirtió al handball en algo distinto, profesional, un equipo con compromiso que en este 2017 venció y gritó campeón en todo los torneos que disputó.
Aquí el vídeo de la final disputada entre Ladricer 27-21 C.A.I.H.:
Un joven de 23 años lleno de clicks, Instagram,
Facebook y Whatsapp, con un sueño claro y un deporte que le dio casa y familia.
Nicolás Alvizo, jugador de Los Tarcos Rugby Club y del seleccionado tucumano de
Seven.
Todo lo que encontraba, le daba forma de pelota y jugaba, era
inquieto, divertido, jodido, llorón y muy mimado. La plaza del barrio, los
amigos, las “cocas”, los campeonatos, no se volvieron algo que quedó en el
olvido. Aunque si de olvido se trata, él intenta borrar el pasado, dejar atrás
o por lo menos tapar ese recuerdo que le cambió la vida, la muerte de su mamá
Noemí Roldán.
“Desde que
nací, mi viejo nunca estaba presente, lo veía de vez en cuando y la última vez
que lo vi fue a los cinco años y de ahí en más desapareció de mi vida”. Trató de olvidarlo, la herida de su padre jamás se fue, siente que su mamá estuvo con él hasta ese fatídico accidente.
La muerte de su mamá, en un trágico accidente, lo marcó para
siempre. Su papá Daniel Hugo Alvizo, jamás volvió. Pero “ese ángel que me iluminó” apareció para que nunca estuviera solo,
María Alicia Roldán, su madrina, decidió ser la tutora de Nicolás junto con Federico
Contreras, su nuevo “Viejo”, Pablo,
Belén, Soledad y Lucía, se convirtieron en su nueva familia que llenaron de
amor, contención y sobre todo mucho rugby a su vida.
El club le dio todo lo que necesitaba y más. El rugby fue su tercera familia, su casa, su vida. En los momentos de melancolía, cuando las cosas no salen bien o recuerdos malos vienen a rondar por la cabeza, el rugby esta ahí, dispuesto a hacer olvidar todo lo malo.
El amor con la ovalada
comenzó a los siete años, cuando Federico lo llevó junto a su hermano Pablo a
ver si le gustaba el rugby o si lo llevaban a probar con la redonda y el
fútbol. Pablo el más grande de sus cuatro hermanos, y nueve años más grande que
él, era su mentor. Le enseñó a tener actitud, a presentarse con sus compañeros,
a olvidar el pasado y sobre todo a vivir con la pelota de rugby en sus manos.
Sus comienzos. En la fila de abajo con la pelota entre sus manos y
su papá Federico en la formación.
Federico al igual que Nicolás comenzó a jugar al rugby desde
chico, pero no exactamente en Los Tarcos, sino en Lince Rugby Club. Jugó hasta
que nació Pablo y después vino Belén, Soledad, Lucía y las responsabilidades
fueron otras; además que las pelotas fueron remplazadas por muñecas y pinturas
de uñas. La pasión por el rugby nunca se termina. Cuando Pablo comenzó la
primaria en el colegio San Cayetano todo volvió a la normalidad. Sus compañeros
jugaban al rugby en Los Tarcos, los recreos eran partidos interminables donde
no había día que no llegue a casa con el uniforme sucio o roto en las rodillas.
Y así Federico volvió a su primera amor, a pesar que si de amor hablamos, a su
esposa Alicia no le gustaba para nada la idea que sus hijos jueguen a un
deporte con tanto contacto físico. Y ese fue el club que eligieron, Tarcos es el
club que desde ese día se convirtió en su nuevo hogar, hogar de contención y
del comienzo de una nueva vida.
Su casa se encuentra en el Pasaje Misiones 277, altura calle
Las Heras 1050, barrio que lo vio crecer, jugar y vivir. A dos cuadras está el
jardín maternal que fue a los tres, cuatro y cinco años, llamado Rayitos de Sol
y a una cuadra se encuentra la plaza Santísima Trinidad su primera cancha, “no lo podía sacar de la plaza, todo el día
corría de un lado para otro, jugaba a la pelota, a la pilladita, y cuando se
encontraban con otros chicos desconocidos se convertía en una batalla, teníamos
que ir a buscarlo a Nico que con la estatura que tenía, se creía Rocky y en
realidad era una ratita”, disfruta Alicia para contar, como toda madre, las
picardías de sus hijos.
Las puertas rojas se abrieron para Nicolás, esas puertas del
club ubicado en Avenida Brígido Terán al 500, el club, ese club que con el
correr de sus años lo vieron crecer, lo vieron llorar, reír, lo vieron gritar
campeón, y sobre todo lo vieron vivir. “Ir al club me hace feliz, jamás me
sentí incómodo o tuve alguna pelea o me pasó algo malo, siempre me hizo ser
feliz, ganando perdiendo o empatando, siempre fui feliz, ¿de eso se trata no?”.
Quizás si tenemos que hacer una comparación entre su
crecimiento de estatura y su crecimiento en el rugby, esta vez creo que no es
equitativo, con tan solo 1.73 m, su crecimiento año a año fue muy grande y esta
vez sí, se puede poner los guantes y creer que es Rocky enfrentando a jugadores
muchos más grandes que él y dando el golpe de knockout.
En M-15, logró gritar por primera vez campeón. Un año más
tarde otra vez se consagraron, pero siendo figura y con la misma habilidad que
se le adjudica ahora, con una velocidad infernal. Llega la frutilla del postre
y es convocado por primera vez al seleccionado tucumano. Luego en M-18 lo
dejaron de llamar, “esa decisión nunca la
voy a entender, fue mi mejor año, otra vez salí campeón y de manera invicta”. En
el 2013, subió a primera junto con dos compañeros más y tiene su debut frente a
Huirapuca en Concepción, “fue algo que
jamás voy a olvidar, entré solamente 3 o 4 minutos, toda mi familia me fue a
ver, cuando llegué a casa, me largué a llorar, no podía creer, ese día me
acordé todo el tiempo de mi mamá y mi sueño, que de seguro si mi mamá estaría
viva sería el de ella también, logré cumplirlo”. En el siguiente partido
entró de titular frente a Cardenales y fue su debut en la cancha que tanto lo
esperó, ese césped que lo vio entrenar y transpirar hasta llegar a ese gran
objetivo.
Campeón. Levantando el trofeo del campeonato anual 2016, rodeado de
chicos del club.
En la categoría M-21 lo vuelven a llamar para el seleccionado
tucumano y se afianza en los titulares de Los Tarcos. En el año 2014, logra
salir campeón en el seleccionado tucumano siendo una de las grandes figuras y
recibiendo el reconocimiento de glorias del club pero la más importante era el
reconocimiento de su “viejo”, “Nicolás me
llena de orgullo, es un chico sensible pero fuerte, divertido pero duro a la
vez, es mi ejemplo, cuando se consagró campeón en el seleccionado me puso muy
feliz, porque a la gente que es buena, le pasan cosas buenas y mi hijo se lo
merecía”.
El año pasado, fue uno de los mejores años en la historia del
club, campeones del torneo del interior y del campeonato anual jugando a un
rugby excelente, además fue convocado para el seleccionado tucumano seven. “Fue el punto más alto que llegué, mi máximo
nivel, pero sé que entrenando más puedo llegar mucho más lejos, quizás quién
dice, al seleccionado argentino”.
Naranja. En el seleccionado tucumano. Primero en la fila de abajo.
Orgullosos en la familia, le piden más al 9 de Los Tarcos, el
crecimiento en lo deportivo tiene que ir de la mano con el crecimiento en el
estudio. Para Alicia y Federico existía una regla que se hacía muy fuerte en
cada trimestre del colegio, “si no
estudiaba, no iba al club, eso también le enseñaron y comprendían los
entrenadores, gracias a Dios fue un excelente alumno, nunca nos decepcionó”. En
la primaria fue al colegio San Cayetano, y de ahí en la secundaria, por
comodidad ya que todas sus hermanas estudiaban en el Colegio María Auxiliadora,
Calle Mitre al 200, lo cambiaron al Colegio Tulio ubicado una cuadra más adelante,
donde ahí compartía con sus mismos compañeros del club, como Ezequiel Luque y Agustín
Cancilleri.
Luego del colegio, probó con Ciencias Económicas pero no era
lo que él pretendía. Dejó a mitad de año y comenzó a estudiar Educación Física,
carrera que está cursando en su tercer año pero que a pesar que le gusta mucho,
si tiene que elegir una clase de natación en la facultad o entrenar en el club,
lo verás vestido de rojo en la cancha de Los Tarcos.
Muy cerca de la facultad, se encuentra el club y ahí sus
mejores amigos, a los que “Nico” les llama “hermanos”. “Son mis hermanos porque
siempre están, hay cosas que me pasaron en mi vida que de seguro a mi familia
ni les conté, cosas de adolescentes, pero los que estaban ahí siempre son
ellos, mis hermanos del club”. Su mejor amigo es José Chico, con él compartió
desde que comenzó en el club, no siempre fueron buenos amigos pero ahora son inseparables.
“Habitualmente somos un grupo de once,
somos muy buenos hermanos, pero con José compartí mi vida, desde que comencé
está conmigo”.
Los Tarcos, es su casa, su hogar, donde todos los días va y
tiene a su familia, compuesta quizás por personas que además del club tienen
otra familia, como su amigo el secretario “Carlitos”, el portero, el que corta
el pasto, pero Nicolás hace unos años tiene un plus: su papá Federico y su
hermano Pablo, ahora trabajan en el club y son entrenadores de infantiles,
además del paso de sus hermanas practicando hockey, toda su familia es de “Los
Rojos”.
Familia, hermanos, papá, mamá, son palabras que las repite
todo el tiempo. El dolor del fallecimiento de su mamá que con ojos rojos a
punto de soltar esa lágrima que viene con alegría y tristeza en su interior
recuerda: “mi mamá era un ángel, me dio la vida, me acuerdo que tenía un
negocio de ropa, y al mediodía salíamos a vender empanadas para hacer unos
pesos extras para poder llevarme al jardín y compararme juguetes”.
Pura potencia y velocidad, joven y con un futuro de selección
nacional, Nicolás Alvizo encontró en el rugby el mejor refugio para poder pasar
las malas, unió a su familia al club, encontró una nueva familia llena de “hermanos”,
transformó el dolor en felicidad. A los 23 años ya logró afianzarse en los titulares
y gritó campeón. Se encuentra entre los mejores rugbiers de Tucumán, un ejemplo
de superación y adicción a un deporte que sobre todo tiene una condición, “la familia y los amigos siempre juntos”. Aquí el video de "Los Tarcos" campéon del torneo anual 2016, de la mano de Nicolás Alvizo: