viernes, 15 de diciembre de 2017

Ladricer es Tucumán

Un equipo de profesionales nos demuestran su amor por el handball.



Campeones. Augusto Mercado, una de las figuras del equipo, disparando para convertir frente a C.A.I.H.

Mientras que los deportes más populares de la provincia se llevan las miradas, el "juego de manos" se encuentra en un crecimiento lento, ese crecimiento siempre liderado por un equipo. Ese equipo no solamente es un grupo de jugadores que juegan de una determinada manera, ya sea buena o mala.

El handball se encuentra en la sombra de lo que alguna vez supo ser, pero un grupo de profesionales nos demuestran como ellos lo ven y como se juega.

El torneo anual tucumano en la rama masculina y femenina, se disputa semanalmente todos los sábados en el Complejo Avellaneda, ubicado en la esquina entre calles Suipacha y 24 de Septiembre. A pesar del deficiente lugar y poca luz, es para "lo que alcanza" en este handball de la provincia.
Ladricer es el ejemplo.

Recientes campeones del torneo anual tucumano venciendo a C.A.I.H. por 27 a 21. Es un equipo liderado por su entrenador Daniel López, que convirtió al handball en algo distinto, profesional, un equipo con compromiso que en este 2017 venció y gritó campeón en todo los torneos que disputó.


Aquí el vídeo de la final disputada entre Ladricer 27-21 C.A.I.H.:

Más que un club, una familia

Un joven de 23 años lleno de clicks, Instagram, Facebook y Whatsapp, con un sueño claro y un deporte que le dio casa y familia. Nicolás Alvizo, jugador de Los Tarcos Rugby Club y del seleccionado tucumano de Seven.
Todo lo que encontraba, le daba forma de pelota y jugaba, era inquieto, divertido, jodido, llorón y muy mimado. La plaza del barrio, los amigos, las “cocas”, los campeonatos, no se volvieron algo que quedó en el olvido. Aunque si de olvido se trata, él intenta borrar el pasado, dejar atrás o por lo menos tapar ese recuerdo que le cambió la vida, la muerte de su mamá Noemí Roldán.
“Desde que nací, mi viejo nunca estaba presente, lo veía de vez en cuando y la última vez que lo vi fue a los cinco años y de ahí en más desapareció de mi vida”. Trató de olvidarlo, la herida de su padre jamás se fue, siente que su mamá estuvo con él hasta ese fatídico accidente.
La muerte de su mamá, en un trágico accidente, lo marcó para siempre. Su papá Daniel Hugo Alvizo, jamás volvió. Pero “ese ángel que me iluminó” apareció para que nunca estuviera solo, María Alicia Roldán, su madrina, decidió ser la tutora de Nicolás junto con Federico Contreras, su nuevo “Viejo”,  Pablo, Belén, Soledad y Lucía, se convirtieron en su nueva familia que llenaron de amor, contención y sobre todo mucho rugby a su vida.
El club le dio todo lo que necesitaba y más. El rugby fue su tercera familia, su casa, su vida. En los momentos de melancolía, cuando las cosas no salen bien o recuerdos malos vienen a rondar por la cabeza, el rugby esta ahí, dispuesto a hacer olvidar todo lo malo. 
 El amor con la ovalada comenzó a los siete años, cuando Federico lo llevó junto a su hermano Pablo a ver si le gustaba el rugby o si lo llevaban a probar con la redonda y el fútbol. Pablo el más grande de sus cuatro hermanos, y nueve años más grande que él, era su mentor. Le enseñó a tener actitud, a presentarse con sus compañeros, a olvidar el pasado y sobre todo a vivir con la pelota de rugby en sus manos.

Sus comienzos. En la fila de abajo con la pelota entre sus manos y su papá Federico en la formación.

Federico al igual que Nicolás comenzó a jugar al rugby desde chico, pero no exactamente en Los Tarcos, sino en Lince Rugby Club. Jugó hasta que nació Pablo y después vino Belén, Soledad, Lucía y las responsabilidades fueron otras; además que las pelotas fueron remplazadas por muñecas y pinturas de uñas. La pasión por el rugby nunca se termina. Cuando Pablo comenzó la primaria en el  colegio San Cayetano  todo volvió a la normalidad. Sus compañeros jugaban al rugby en Los Tarcos, los recreos eran partidos interminables donde no había día que no llegue a casa con el uniforme sucio o roto en las rodillas. Y así Federico volvió a su primera amor, a pesar que si de amor hablamos, a su esposa Alicia no le gustaba para nada la idea que sus hijos jueguen a un deporte con tanto contacto físico. Y ese fue el club que eligieron, Tarcos es el club que desde ese día se convirtió en su nuevo hogar, hogar de contención y del comienzo de una nueva vida.
Su casa se encuentra en el Pasaje Misiones 277, altura calle Las Heras 1050, barrio que lo vio crecer, jugar y vivir. A dos cuadras está el jardín maternal que fue a los tres, cuatro y cinco años, llamado Rayitos de Sol y a una cuadra se encuentra la plaza Santísima Trinidad su primera cancha, “no lo podía sacar de la plaza, todo el día corría de un lado para otro, jugaba a la pelota, a la pilladita, y cuando se encontraban con otros chicos desconocidos se convertía en una batalla, teníamos que ir a buscarlo a Nico que con la estatura que tenía, se creía Rocky y en realidad era una ratita”, disfruta Alicia para contar, como toda madre, las picardías de sus hijos.
Las puertas rojas se abrieron para Nicolás, esas puertas del club ubicado en Avenida Brígido Terán al 500, el club, ese club que con el correr de sus años lo vieron crecer, lo vieron llorar, reír, lo vieron gritar campeón, y sobre todo lo vieron vivir. “Ir al club me hace feliz, jamás me sentí incómodo o tuve alguna pelea o me pasó algo malo, siempre me hizo ser feliz, ganando perdiendo o empatando, siempre fui feliz, ¿de eso se trata no?”.
Quizás si tenemos que hacer una comparación entre su crecimiento de estatura y su crecimiento en el rugby, esta vez creo que no es equitativo, con tan solo 1.73 m, su crecimiento año a año fue muy grande y esta vez sí, se puede poner los guantes y creer que es Rocky enfrentando a jugadores muchos más grandes que él y dando el golpe de knockout.
En M-15, logró gritar por primera vez campeón. Un año más tarde otra vez se consagraron, pero siendo figura y con la misma habilidad que se le adjudica ahora, con una velocidad infernal. Llega la frutilla del postre y es convocado por primera vez al seleccionado tucumano. Luego en M-18 lo dejaron de llamar, “esa decisión nunca la voy a entender, fue mi mejor año, otra vez salí campeón y de manera invicta”. En el 2013, subió a primera junto con dos compañeros más y tiene su debut frente a Huirapuca en Concepción, “fue algo que jamás voy a olvidar, entré solamente 3 o 4 minutos, toda mi familia me fue a ver, cuando llegué a casa, me largué a llorar, no podía creer, ese día me acordé todo el tiempo de mi mamá y mi sueño, que de seguro si mi mamá estaría viva sería el de ella también, logré cumplirlo”. En el siguiente partido entró de titular frente a Cardenales y fue su debut en la cancha que tanto lo esperó, ese césped que lo vio entrenar y transpirar hasta llegar a ese gran objetivo.
Campeón. Levantando el trofeo del campeonato anual 2016, rodeado de chicos del club.
En la categoría M-21 lo vuelven a llamar para el seleccionado tucumano y se afianza en los titulares de Los Tarcos. En el año 2014, logra salir campeón en el seleccionado tucumano siendo una de las grandes figuras y recibiendo el reconocimiento de glorias del club pero la más importante era el reconocimiento de su “viejo”, “Nicolás me llena de orgullo, es un chico sensible pero fuerte, divertido pero duro a la vez, es mi ejemplo, cuando se consagró campeón en el seleccionado me puso muy feliz, porque a la gente que es buena, le pasan cosas buenas y mi hijo se lo merecía”.
El año pasado, fue uno de los mejores años en la historia del club, campeones del torneo del interior y del campeonato anual jugando a un rugby excelente, además fue convocado para el seleccionado tucumano seven. “Fue el punto más alto que llegué, mi máximo nivel, pero sé que entrenando más puedo llegar mucho más lejos, quizás quién dice, al seleccionado argentino”.
Naranja. En el seleccionado tucumano. Primero en la fila de abajo.

Orgullosos en la familia, le piden más al 9 de Los Tarcos, el crecimiento en lo deportivo tiene que ir de la mano con el crecimiento en el estudio. Para Alicia y Federico existía una regla que se hacía muy fuerte en cada trimestre del colegio, “si no estudiaba, no iba al club, eso también le enseñaron y comprendían los entrenadores, gracias a Dios fue un excelente alumno, nunca nos decepcionó”. En la primaria fue al colegio San Cayetano, y de ahí en la secundaria, por comodidad ya que todas sus hermanas estudiaban en el Colegio María Auxiliadora, Calle Mitre al 200, lo cambiaron al Colegio Tulio ubicado una cuadra más adelante, donde ahí compartía con sus mismos compañeros del club, como Ezequiel Luque y Agustín Cancilleri.
Luego del colegio, probó con Ciencias Económicas pero no era lo que él pretendía. Dejó a mitad de año y comenzó a estudiar Educación Física, carrera que está cursando en su tercer año pero que a pesar que le gusta mucho, si tiene que elegir una clase de natación en la facultad o entrenar en el club, lo verás vestido de rojo en la cancha de Los Tarcos.
Muy cerca de la facultad, se encuentra el club y ahí sus mejores amigos, a los que “Nico” les llama “hermanos”. “Son mis hermanos porque siempre están, hay cosas que me pasaron en mi vida que de seguro a mi familia ni les conté, cosas de adolescentes, pero los que estaban ahí siempre son ellos, mis hermanos del club”. Su mejor amigo es José Chico, con él compartió desde que comenzó en el club, no siempre fueron buenos amigos pero ahora son inseparables. “Habitualmente somos un grupo de once, somos muy buenos hermanos, pero con José compartí mi vida, desde que comencé está conmigo”.
Los Tarcos, es su casa, su hogar, donde todos los días va y tiene a su familia, compuesta quizás por personas que además del club tienen otra familia, como su amigo el secretario “Carlitos”, el portero, el que corta el pasto, pero Nicolás hace unos años tiene un plus: su papá Federico y su hermano Pablo, ahora trabajan en el club y son entrenadores de infantiles, además del paso de sus hermanas practicando hockey, toda su familia es de “Los Rojos”.
Familia, hermanos, papá, mamá, son palabras que las repite todo el tiempo. El dolor del fallecimiento de su mamá que con ojos rojos a punto de soltar esa lágrima que viene con alegría y tristeza en su interior recuerda: “mi mamá era un ángel, me dio la vida, me acuerdo que tenía un negocio de ropa, y al mediodía salíamos a vender empanadas para hacer unos pesos extras para poder llevarme al jardín y compararme juguetes”.

Pura potencia y velocidad, joven y con un futuro de selección nacional, Nicolás Alvizo encontró en el rugby el mejor refugio para poder pasar las malas, unió a su familia al club, encontró una nueva familia llena de “hermanos”, transformó el dolor en felicidad. A los 23 años ya logró afianzarse en los titulares y gritó campeón. Se encuentra entre los mejores rugbiers de Tucumán, un ejemplo de superación y adicción a un deporte que sobre todo tiene una condición, “la familia y los amigos siempre juntos”.





Aquí el video de "Los Tarcos" campéon del torneo anual 2016, de la mano de Nicolás Alvizo: